El alza de la destrucción y la baja del crudo

A partir del año 1914 Venezuela empezó a tener relevancia para el mundo. El país pasó de ser un territorio agrícola, productor principalmente de café y azúcar, a tener en sus manos las mayores reservas de petróleo del mundo. La Venezuela Saudita que se vivió a mediados del siglo pasado por los altos precios del crudo, hizo que la economía del país se disparara como nunca antes se había presenciado. Además de esto, le permitió a los venezolanos contar con un servicio de gasolina subsidiado, cuando en otros países los costos eran mucho mayores. 

Es en este punto en el que Venezuela se convirtió en un país petrolero. El economista José Toro Hardy comenta que, en los momentos de más alta producción petrolera en la historia venezolana, Petróleos de Venezuela S.A. (PDVSA) llegó a extraer casi tres millones y medio de barriles por día. Sin embargo, Venezuela hoy cuenta con 450 mil barriles diarios, según la agencia de noticias Reuters. 

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Esta diferencia bárbara entre las cifras es el reflejo de una industria petrolera completamente destruida, que ha dado como resultado una importante escasez de gasolina. Para contrarrestar esta situación, el gobierno de Nicolás Maduro recibió cinco buques iraníes cargados de combustible. La llegada de este cargamento obligó al Estado a incrementar exponencialmente los costos de la gasolina a $0,5 por litro, cuando el salario mínimo actual es de $4,6 mensuales. Una medida ejecutada sin tomar en cuenta el hecho de que se desconoce el alcance de esta importación. 

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El origen de la escasez

La respuesta a esa pregunta se remonta al año 1945, cuando el presidente Rómulo Betancourt decidió realizar el primer subsidio de gasolina. Para ese momento, Venezuela era el primer exportador de petróleo del mundo y por esta razón se creía adecuado que los venezolanos pagaran menos por el recurso. 

Sobre esto, José Toro Hardy, miembro de la directiva de PDVSA durante los años 1996-1999, explica que “Venezuela era la economía de más rápido crecimiento en el mundo (…) teníamos la moneda más sólida junto con el franco suizo. No sabíamos lo que era la inflación. Eso significa que para ese momento no pesaba dicho subsidio de la gasolina a la economía”.

A partir de allí, los precios del petróleo siguieron subiendo y por ende las riquezas del Estado, hasta 1989, año en el que el presidente Carlos Andrés Pérez se enfrentó a un territorio endeudado. La profesora e historiadora María Soledad Hernández aclara que “no éramos un país rico. Sí éramos un país petrolero, pero la renta petrolera no se reinvirtió en otras áreas prioritarias que hubiesen permitido al país poder tener una economía sustentable en tiempos de vacas gordas”.

El Caracazo, en 1989, hizo que ningún otro presidente recurriera al aumento de la gasolina como medida para mejorar la economía. Sin embargo, durante el segundo mandato del presidente Rafael Caldera en 1995, pasando por una crisis muy severa, se decidió adaptar un programa donde el precio del combustible subiría, pero de forma paulatina y en un porcentaje pequeño. Según Toro Hardy, esto se realizó con la finalidad de lograr la apertura petrolera en el país, a la que el presidente Chávez se opuso durante toda su campaña electoral. 

Hugo Chávez llegó al poder en 1998, cuando PDVSA estaba en su mejor momento de producción; y cuatro años después decidió despedir a los ejecutivos más preparados dentro de la empresa, lo que desembocó en el Paro Petrolero a finales del 2002. Sin embargo, en los años siguientes los precios del petróleo alcanzaron cifras nunca antes imaginadas: $114 por barril. 

Por su parte, Eduardo Fortuny, director de Dinámica Venezuela, indica que para ese momento, en Venezuela ingresó más dinero que en los 50 años anteriores. Al contar con tantos recursos, PDVSA empezó a levantar misiones, a importar alimentos, y a dedicarse de lleno en proyectos sociales, dejando a un lado el mantenimiento de las refinerías. 

“La industria petrolera era la gallina de los huevos de oro. PDVSA era esencial para la Revolución Bolivariana. La sustitución del personal, la descomposición y la diversificación del negocio acabó con la industria”, comenta María Soledad Hernández. 

Un momento histórico en el deterioro de PDVSA fue en 2008, cuando se aprueban nuevas condiciones por la Ley Orgánica de Hidrocarburos que violaban los contratos que se habían suscrito en la apertura petrolera, llevando a las empresas extranjeras a acatar las condiciones, o irse del país. Los precios del crudo bajaron, y además ocurrieron accidentes como el gran incendio, en el año 2012, de la refinería de Amuay, ubicada en el estado Falcón. Allí la producción petrolera empezó a caer vertiginosamente, cuando el 97% de las divisas que ingresaban al país dependían de la exportación del petróleo.

Incendio en la refinería de Amuay (2012) Fuente: Daniela Primera / AP

La historia petrolera culmina con la situación actual de Venezuela: refinerías paralizadas, la mayor hiperinflación del mundo según el Foro Monetario Internacional, el nivel más alto de desempleo en América Latina, el desarrollo de una pandemia y la escasez de gasolina en todo el país. 

Gasolina iraní

La falta de combustible es el resultado de dos cosas, la paralización de las refinerías y la falta de divisas para importar gasolina. Además de esto, el economista Eduardo Fortuny afirma que, con la salida del país de la empresa Rosneft –que manejaba el 75% del crudo que exportaba Venezuela– debido a las sanciones de Estados Unidos, el Gobierno venezolano migró a la comercialización a través de pequeñas empresas mexicanas.

Por ende, sin esta empresa, se complica la venta del petróleo y la importación de la gasolina. Eso es lo que lleva al Gobierno a negociar con Irán el envío de cinco tanqueros que traían 275 mil toneladas de combustible. “Casi un millón y medio de barriles. Si suponemos que el consumo de Venezuela es de cien mil barriles diarios, pues esto duraría para 15 días”, afirma el ex trabajador de PDVSA, José Toro Hardy. 

Además de ser políticamente un reto para E.E.U.U., Irán se enfrenta con una gravísima situación económica y con unas reservas de gasolina estancadas por causa del Covid-19, que se están enviando a Venezuela y por las que están recibiendo el pago en oro. La internacionalista Giovanna de Michele acotó que la asociación entre el gobierno de Nicolás Maduro y el Gobierno iraní se constituye como una potenciación de la amenaza que percibe Estados Unidos de parte de Irán: “Ya no solo lo percibe en el Medio Oriente, si no que siente que de alguna manera Venezuela le está abriendo las puertas de América Latina a un enemigo consagrado de la seguridad de E.E.U.U., como lo es Irán”.

Sin embargo, con la llegada de los buques iraníes y la supuesta maquinaria para reparar la refinería de Cardón en el estado Falcón, las posibilidades de que se solventen los problemas mayores son muy pocas. Bajo esta premisa, José Toro Hardy expresó: “Yo pongo en duda que Irán cuente con la tecnología para poder hacerlo, debido a que el petróleo de Irán es de excelente calidad, por ende muy fácil de refinar, en cambio el de Venezuela es muy complejo. Esas plantas no se pueden reparar con parches”. 

Impacto de las sanciones

Las sanciones de Estados Unidos tienen solamente un año en función, mientras que la destrucción de la industria petrolera lleva más de 20 años en proceso.  Sobre esto, Giovanna de Michele enfatizó que “si la responsabilidad de la caída de la producción del petróleo en Venezuela estuviese vinculada directamente con las sanciones, no habría explicación alguna para poder entender cómo Irán, que tiene muchos más años de sanciones, puede mantener su capacidad de producción, exportar crudo, abastecer su mercado interno y todavía mandar combustible a Venezuela”. 

Lo que queda para el futuro

La destrucción por la que ha pasado PDVSA es invalorable. José Toro Hardy estima que para recuperar la industria se necesita, entre inversiones y gastos, un aproximado de 25 a 30 mil millones de dólares por año, durante los próximos ocho o diez años nada más que para recuperar la producción que se tenía hace 20 años.

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“Es evidente que el Estado no está en condiciones para hacer esa inversión. Si se llegara a una recuperación de la industria, se tendría que pasar por una nueva Ley Orgánica de Hidrocarburos, que se respete la propiedad privada y que se respeten los contratos. Eso sí, entendiendo que ya la gasolina no sería regalada”, puntualizó Toro Hardy. 

Venezuela, la nación con las reservas de petróleo más grandes del mundo, ya no es un país petrolero. Ahora es famosa por la hiperinflación y la crisis en todos los ámbitos, mas no por el oro negro que se exportaba. Solo queda volver a rescatar el poder de la institucionalidad formal en el país y que sea de nuevo ejemplo de democracia para el continente, como lo fue años atrás. 

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